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Cómo recuperarse emocionalmente de la Navidad

Cómo recuperarse emocionalmente de la Navidad 2

Una vez pasados los eventos navideños, y especialmente después de los excesos culinarios de Nochebuena, Navidad, fin de año, Año Nuevo y Reyes, todos o casi todos hacemos el propósito de cambiar algunos hábitos por otros más saludables.

Realmente no somos conscientes de lo que podemos llegar a consumir esos días, noches y madrugadas de fiesta. Para hacerse una idea, está constatado que muchas personas consumen en una cena navideña las calorías equivalentes a cinco días normales. A esto se le une que hay un déficit en el descanso de calidad, producto de largos viajes, tensiones familiares, cambio de estancia… Todas estas alteraciones de horarios, de rutina e incluso de cama afectan significativamente al sueño, provocando que no sea todo lo bueno que debería. Y como ya sabemos, la falta de un descanso idóneo hace que no regulemos de manera saludable nuestras emociones.

Son días de excesos, no sólo en la comida y el alcohol, también sentimentales. Los psicólogos sabemos que en Navidad aumentan los niveles de estrés y ansiedad; incluso un número significativo de personas padecen una profunda sensación de angustia, tristeza y melancolía. Que ciertas reuniones familiares sean forzadas y muchas veces hasta protocolarias, con la presión de tener que compartir una cordialidad y alegría inexistentes, es caldo de cultivo para gestar un gran malestar interior: cuñados que no se soportan, padres que no se hablan con sus hijos, suegras, exparejas… Todo el mundo parece estar obligado a sentarse en la misma mesa y hacer “como si nada”: damos conversación a quien no nos apetece, y no podemos hablar con quienes ya no están presentes. Recuerdos y más recuerdos.

Eso de forzar el comportamiento y fingir agota, principalmente porque implica suprimir a la fuerza las emociones negativas. Por eso, cuando uno se quita de encima esta presión, se siente realmente aliviado. Se puede –y se debe, en determinadas ocasiones– disimular las emociones negativas, pero no es sano taparlas en nuestro día a día. Lo saludable es expresarlas en el momento y el lugar oportunos, donde podamos ser sinceros: con un buen amigo, un familiar o por escrito, a modo de diario. La escritura es una fantástica herramienta terapéutica para superar vivencias angustiosas. En un estudio de 2009, Itziar Fernández, profesora en la UNED, y Darío Páez, de la Universidad del País Vasco, concluyeron que “la confrontación de hechos traumáticos, mediante expresión tanto verbal como escrita, tiene efectos positivos sustanciales en personas con dificultades para verbalizar sus emociones”.

A continuación, te recomiendo diez claves para hacer brotar el bienestar emocional después de la vorágine navideña y comenzar el año nuevo con energía.

  1. Retoma tus rutinas y horarios. Hazlo incluso antes de volver al trabajo, para que te adaptes paulatinamente, sin acusar demasiado los cambios.
  2. Otorga más importancia a tus pensamientos positivos, y no a los negativos. Si optas por dar más valor a las ideas optimistas y buenas, el bienestar se instalará en ti.
  3. Focaliza tu atención en lo que tienes, no en lo que te falta. Tú –al igual que yo, que conste– tendemos a centrarnos más en aquello que no tenemos, en las insatisfacciones, y esto hace que literalmente “no veamos” todo lo bueno de nuestra vida que mucha gente desearía tener.
  4. Dirige tu actitud. Muchas veces las circunstancias no son favorables, y ya sabemos que no se pueden cambiar, pero sí está en nuestras manos elegir qué talante adoptar ante ellas. Lo idóneo para tu bienestar emocional es aceptar la parte injusta de la vida. Sin duda, te sentirás mejor.
  5. Compórtate de manera positiva. Aunque pensar de manera positiva, por sí sólo, no soluciona las cosas, propiciará que te dirijas con mejor predisposición hacia las acciones eficaces. No lo olvides: el pensamiento tiene que estar acompañado por la acción.
  6. Emprende cosas nuevas. Ten experiencias, diferentes, inéditas, inexploradas. Realiza aquello que harías si no tuvieras miedo y busca situaciones que te ofrezcan aprendizajes. El desarrollo personal es puro aprendizaje, y sólo se aprende experimentando.
  7. Valórate. No debes depositar la llave de la felicidad en manos de nadie. No dependas exclusivamente de la opinión ajena, ya sea positiva o negativa. Cree en ti, valora tus ideas y sé consciente de tus imperfecciones. Y recuerda: premia tus logros, tanto los grandes como los pequeños.
  8. Confía en tus capacidades. Cuida de ti mismo, como cuidarías a quien más quieres. Ten siempre presente que eres el mayor responsable de tu bienestar.
  9. Haz lo que te gusta. Ya basta de procrastinar. Ve a por lo que te hace sentir bien. Esos momentos son necesarios para tu salud interior, que repercute directamente en el exterior. Comprobado: estar satisfechos nos hace más atractivos.
  10. Manifiesta tus emociones. Expresa lo que te pasa, ábrete, confía en tus seres cercanos. Comparte tanto las alegrías como las tristezas, y te sentirás mejor.

Miguel Ángel Rizaldos
Psicólogo Clínico
www.rizaldos.com

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